En mi modesta opinión, y a partir de lo que he podido llegar a comprender, debemos saber en primer lugar quienes somos para después desarrollarnos al máximo de nuestras posibilidades. Si todo ello lo hacemos con la debida humildad y con conciencia de lo divino iremos configurando un alma más evolucionada de la que recibimos en el momento de nacer.
En el momento del fallecimiento el cuerpo se destruye y el alma permanece, hacia donde se “dirija” va a depender del trabajo que hayamos realizado sobre nosotros mismos en nuestra vida.
Los conceptos de “cielo, bardo, karma, limbo, infierno, purgatorio, reencarnación, resurrección, etc...” no dejan de ser metáforas de la física (cuántica).
Pero de que la vida tiene un sentido, y profundo, no me cabe duda, por eso ante situaciones de “colapso existencial” es muy importante entender que lo más probable es que estemos fuera de lugar o de contexto. Y ello significa que hay que ir a buscarlo para volver a entrar en armonía (esto requiere en muchas ocasiones de gran coraje y sentido de la libertad).
Damián Ruiz
26 de octubre de 2008